Que nadie se quede atrás en América Latina y el Caribe : las personas mayores y el consumo

Joost Martens*

Las sociedades y sus ciudadanos mayores, cómo se organizarán, para hacer frente a los desafíos?

 

El envejecimiento es un fenómeno mundial causado por una combinación de tasas decrecientes de fecundidad y porque las personas viven vidas más largas y saludables. Según la ONU y HelpAge International, esto es al mismo tiempo una razón para celebrar, así como nos obliga de hacer frente a los desafíos

 

La ONU definen a las “personas mayores” como personas mayores de 60 años. En 2015 para América Latina y el Caribe (ALC), la tasa de “personas mayores” era cerca del 10% de la población de la región. Sin embargo, este promedio oculta diferencias significativas en las cifras nacionales: 20% para Cuba y Uruguay; menos del 10% en Centroamérica (Guatemala, Honduras y Nicaragua), y con Argentina, Chile, México y los países andinos encontrándose entre estos extremos. Para la región en su conjunto, las proyecciones de crecimiento de la población mayor son significativas: del 10% en 2015, al 17% en 2030 y al 25% en 2050. Esto significa que para 2030 uno de cada seis habitantes de la región tendrá 60 años o El envejecimiento es una tendencia irreversible en América Latina y el Caribe, con enorme impacto; que además tiene lugar en un ambiente de rápida urbanización. ¿Cómo lo enfrentarán más, y a mediados del siglo será uno de cada cuatro. Las sociedades tendrán que adaptarse para atender estas nuevas realidades, más aún porque en muchas partes las “mayores-mayores”, con más de ochenta años, constituyen uno de los grupos de edad de más rápido crecimiento.

 

Hoy en día, alrededor de la mitad de la población mundial vive en ciudades, un número que se espera alcanzará dos tercios en 2050; pero América Latina es la región más urbanizada del mundo, ya con el 80% de su población viviendo en ciudades. Y esto incluye a más de 57 millones de personas de más de 65. Esas dos tendencias, el envejecimiento y la urbanización, son más fuertes en los países de ingresos medios y bajos, como de la región.

 

El envejecimiento trae consigo cambios (a veces dramáticos) en el consumo, el empleo y en las opciones de ingreso. Echaremos un vistazo a estos temas interconectados.

 

Patrones de consumo

 

El consumo cambia con la edad, durante el curso de la vida. Algunos gastos están disminuyendo, como por ejemplo ya no habrá familia con hijos que atender (aunque es bastante normal en ALC encontrar a personas mayores que cuidan de sus nietos, cuando los padres están en el trabajo), habrá menos gastos para vivienda para aquellas personas mayores que han podido adquirir una casa durante su vida laboral. Mientras que aumentan significativamente con la edad los gastos por atenciones médicas más frecuentes, así como cambios en la dieta y el uso creciente de productos relacionados con cambios en las condiciones físicas. Las necesidades y los hábitos de consumo cambian en las diferentes fases de la vida, con menos consumo de algunos productos y servicios, y más de otros.

 

Otra relación entre consumo y envejecimiento se manifiesta en que el consumo en etapas tempranas de la vida puede influir en las necesidades y los patrones de gasto en la vejez. Estilos de vida poco saludables y los patrones de consumo a más temprana edad afectarán las condiciones de salud en la vejez. Hay importantes cambios en la región hacia la incidencia de Enfermedades No Transmisibles y la mortalidad y morbilidad asociada; enfermedades a menudo relacionadas con patrones de consumo no saludables a lo largo del ciclo de vida, como son la hipertensión, diabetes, obesidad y las enfermedades cardio-vasculares que están causando el 77% de las muertes

Ingresos

 

La seguridad de ingresos en la vejez es precaria en la región; las opciones de ingreso son a través de pensiones (pensiones contributivas o pensiones sociales); trabajo y empleo; protección social y subsidios públicos; apoyo familiar informal; ahorros o bienes o una combinación de estos.

 

La realidad es que un gran número de personas mayores en la región para sus ingresos está pendiente de subsidios públicos, destinados para mayores que viven en extrema pobreza, como Pensión65 en Perú o Colombia Mayor, y del apoyo familiar. En toda la región, un promedio de sólo 24% de las personas mayores reciben alguna forma de pensión, pero con grandes diferencias entre los países: con más del 90% en Argentina y Bolivia; menos del 20% en Centroamérica (excepto Costa Rica); más del 50% en Brasil; y entre 20 y 50% en México y Perú.

 

Se esperaría que las sociedades cuidaran de sus personas mayores, con dignidad y en reconocimiento de las contribuciones que han proporcionado a lo largo de sus vidas, a sus familias, comunidades y a la sociedad en general. En términos de ingresos, esto sería posible a través de regímenes de pensiones sociales o no contributivas, que idealmente deberían ser de carácter universal. Uno de los pocos ejemplos de tal pensión en la región es la “Renta Dignidad” en Bolivia. Se trata de una pensión social universal, que proporciona un pago mensual a todas las personas mayores de 60 años. Beneficiando a las personas mayores, pero también más allá: se ha puesto de manifiesto que en las familias de las zonas rurales donde hay una persona mayor, la deserción escolar es menor. Así que la pensión sirve a propósitos más amplios que sólo el consumo de las personas mayores. La pensión social  universal evita grandes gastos administrativos, así como los riesgos reales de no alcanzar a los que más lo necesitan pero que por razones de analfabetismo u otros no logran reclamarla.

Trabajo

 

Trabajo y empleo es lo que muchas personas mayores necesitan o desean seguir teniendo. Por razones económicas, por razones sociales, o en la mayoría de los casos por una combinación de ambas. Sin embargo, las oportunidades formales de empleo son escasas: en América Latina, aproximadamente el  51% de los trabajadores no agrícolas y casi todos los trabajadores agrícolas están empleados de forma informal, y por lo tanto sin acceso a pensiones contributivas. Muchas personas en la región – y las personas mayores no son una excepción – carecen de oportunidades de empleo formal.

 

Trabajadores con empleo formal están siendo despedidos al envejecer, en el mejor de los casos llegando a su edad de jubilación. Esto ocurre en un clima de “viejismo”, prejuicio, discriminación o trato injusto de una persona por su edad. Los estereotipos relacionados son: menos competentes, menos capaces o incapaces de trabajar de manera eficiente, rentable o productiva. Es el último de los ismo´s, y a lo cual nadie escapa.  Pero en el mundo del trabajo, tanto de la empresa privada como del sector público hay muchas oportunidades de beneficiarse de la experiencia, el conocimiento y el compromiso de las personas mayores. Ejemplos son mediante tareas ajustadas o cambios en el horario de trabajo, unir equipos de trabajadores mayores y jóvenes, que las organizaciones y las empresas pueden aprovecharse de los beneficios del empleo de las personas mayores, al mismo tiempo asegurándoles un ingreso digno.

 

La alternativa es el empleo informal, con ingresos inseguros, lo cual para muchas personas en la región ha sido una realidad durante su vida laboral, y para muchos seguirá siéndola en la vejez.

 

Unir fuerzas

 

En 2015, la Organización de los Estados Americanos (OEA) adoptó la Convención Interamericana para la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, como un marco regional legalmente vinculante. Se proporcionó así un marco para que las personas mayores alcen la voz y reclamen sus derechos; como personas mayores, como ciudadanos, pero igual como consumidores – son derechos que son de por vida, y no caducan a los 60 ó 65 años.

 

Hay organizaciones y asociaciones fuertes de consumidores en toda la región, que pueden incorporar a las personas mayores como parte de su enfoque. Asimismo hay organizaciones y grupos de la sociedad civil que trabajan por los derechos de las personas mayores, y que pueden relacionarse con el movimiento de los consumidores e incorporar temáticas relacionadas con la protección del consumidor en bienes y servicios, como es el caso de la salud. Ahora es el momento de unir fuerzas a nivel local, nacional, y regional. ¿Quién toma la iniciativa?

 

*Ex Director General de Consumers International, 2008-2011. Ex Director Regional para América Latina y el Caribe de HelpAge International, 2014-2017.

 

Referencias:

Ageing in the 21st Century: A Celebration and A Challenge http://www.helpage.org/global-agewatch/reports/ageing-in-the-21st-century-a-celebration-and-a-challenge/

2 Ageing and the city: making urban spaces work for older people.  http://www.helpage.org/what-we-do/ageing-cities/.

3 Aging and Financial Inclusion: An Opportunity. https://centerforfinancialinclusionblog.files.wordpress.com/2015/02/aging_and_financial_inclusion_an_opportunity.pdf

 

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Paradojas y controversias en torno al tabaquismo y la protección al consumidor en Cuba

* Nery Suárez Lugo

 El tabaquismo y la salud de los cubanos

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, las enfermedades no transmisibles, no solo serán las principales causas de discapacidad en todo el mundo en el año 2020, sino que también se convertirán en los problemas más costosos afrontados por los sistemas sanitarios.

Las estadísticas de Cuba revelan una situación similar. En el año 2016 la tasa de mortalidad por enfermedades crónicas no transmisibles es la más elevada, con 731,4 defunciones por cada 100 000 habitantes, tendencia que se presenta desde hace años en el cuadro de morbilidad y mortalidad del país, donde en las primeras diez causas de muerte se sitúan las enfermedades del corazón, con una tasa de 217,7 por 100 000 habitantes, seguida muy de cerca de la muerte por tumores malignos, cuya tasa es de 216,3. Ambas causas explican el 49,1 % del total de las defunciones del año 2016.

El tabaquismo, es la primera causa de muerte prevenible en el mundo al encontrarse asociado a las enfermedades crónicas no transmisibles y por tanto representa un importante problema para la salud pública a nivel mundial y según la situación de salud descrita también en Cuba.

Si bien, de acuerdo a datos nacionales del año 2010, la prevalencia global del tabaquismo en nuestro país ha disminuido, en determinados grupos de edad, 13 y 15 años, ha aumentado.  El consumo per cápita de cigarrillos, en la población cubana de 15 años y mas, presenta una tendencia creciente desde el año 2012, que en el 2016, fue de 1.657 cigarrillos, cifra que equivale a que cada cubano en esas edades fumó 4,5 cigarrillos diarios.

Asimismo, las estadísticas muestran que más de la mitad, 54 %,  de los integrantes de las familias cubanas están expuestos al humo del cigarrillo; el 65 % de los niños, el 51 % de las embarazadas y el 60 % de los adolescentes.  Lo anterior ubica a Cuba en el lugar 22 de los países de mayor prevalencia de tabaquismo pasivo en el hogar, de los 98 que enviaron datos a la OMS y el tercer lugar de los 26 países de América que informaron este dato, superado por Argentina (70%) y Uruguay (63%)

 

Proteger al consumidor

Para mejorar la salud de los cubanos se requiere que la población asuma estilos de vida saludables, y se implementen políticas públicas dirigidas a facilitarlo. No es suficiente que se promulguen medidas y regulaciones, es necesario que se implementen de forma adecuada y se controle su cumplimiento, lo que lleva aparejado, en el caso particular del tabaquismo, que se genere un clima no favorecedor a la aceptación social del consumo de tabaco, que genera permisividad de autoridades y familia, conllevando a la transmisión, de generación en generación, de un comportamiento nocivo a la salud.

Aunque cuando se hace referencia al tema no se alude a los derechos del consumidor, toda estrategia de informar y educar, así como medidas económicas y legales que limiten la accesibilidad al cigarrillo, como producto nocivo y adictivo, lleva implícito la protección a la salud del consumidor, al propiciar que asuma una conducta responsable, en lo individual y social.

Pero explicita o no, la protección al consumidor en los países productores de tabaco se torna más compleja, pues la aceptación social es mayor y se une a ello el hecho de que el tabaco es una importante fuente de empleo y sustento económico. Por su papel como producto de exportación, constituye también fuente de ingreso en moneda convertible, lo que hace que se presente la situación paradójica de resultar importante cultivar tabaco y a la vez proteger al consumidor al promover salud, en países como Cuba, donde ambos empeños los asume el estado.

Desde el año 1986 se ejecuta el “Programa para la prevención y control del tabaquismo en Cuba” con la participación de distintos sectores y actores de la sociedad, ejecutando acciones educativas, de rehabilitación e investigación que han tenido un buen nivel de implementación y ejecución, pero coexistiendo con el rezago de la legislación, su no implementación y deficiente control, unido a la publicidad indirecta en la que participan o se hacen eco, los medios de comunicación social. Los cigarrillos siguen siendo productos de muy fácil acceso, tanto en precio como en disponibilidad en el mercado, pues se ofertan en todo tipo de establecimiento, en cajetillas de 10 cigarrillos e incluso, en unidades.

Prueba de ello es que en la Encuesta Mundial de Jóvenes que realiza la OMS, se encontraron resultados que evidencian lo anterior: más del 60% de los estudiantes refieren haber visto mensajes a favor del tabaco, 62,9% de los no fumadores y 67,9% de los fumadores. Predomina significativamente en los jóvenes fumadores activos, poseer algún objeto alegórico al cigarrillo, incluso algunos manifestaron que representantes de entidades comercializadoras del producto, le han ofrecido un cigarrillo gratis. A la vez 92.4% de los estudiantes de secundaria básica encuestados vio mensajes contra el cigarrillo en los medios de comunicación.

Los encargados de implementar y controlar las acciones y medidas relacionadas con la prevención y control del tabaquismo y por tanto, proteger al fumador activo y al pasivo en los centros de enseñanza, de salud y lugares públicos, en una alta proporción son fumadores o aceptan el tabaquismo como algo que forma parte de la vida cotidiana de los cubanos. A la vez, ellos constituyen modelos sociales, patrones a imitar por niños y adolescentes.

El Acuerdo 5570 del 2005, del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (CECM). es el documento legal de mayor fuerza y alcance, que plantea la prohibición de la venta de cigarrillos y tabacos a menores de 18 años de edad; establece la prohibición de fumar en locales públicos cerrados que no tengan áreas creadas a tales efectos, así como en los medios masivos de transportación; establece también la prohibición de fumar en los centros e instituciones educacionales, de la salud e instalaciones deportivas, en los que, de considerarse por los organismos correspondientes, se habilitarán áreas específicas para fumar. En los demás centros e instalaciones pertenecientes a otros organismos o instituciones  se crearán  áreas para fumar. En cualquier caso, las áreas de fumadores y de no fumadores deberán estar debidamente señalizadas.

Puede considerarse por su contenido, que es un documento legal para proteger al consumidor, pero investigaciones realizadas ponen en evidencia que la aplicación  y cumplimiento es insuficiente, debido a la falta de exigencia, control, la poca importancia que le confieren las autoridades competentes y la población que no ve la misma como una medida favorecedora para proteger su salud.

Las paradojas y las controversias

Pero proteger al consumidor cuando en el país el medio social resulta favorecedor para ese consumo nocivo, resulta complejo y difícil, pues la cultura y el folklore hacen presente el tabaco en la música, bailes, forma parte de los rituales religiosos, como ofrenda a los dioses o simplemente para acompañar la danza y otros espectáculos, que con gran orgullo ofrecen a los turistas como símbolo de autentica cubanía.

A la vez, los lugares de recreación y muy especialmente los centros nocturnos, además de expender cigarrillos, éstos se asocian a su consumo, pues una nube de humo rodea las pistas de baile, las mesas de los asistentes y al propio escenario y sus artistas. No es usual encontrar en cafeterías, restaurantes y centros nocturnos, aéreas para fumadores y por lo general, cuando existen, no cumplen con lo establecido al respecto para no contaminar el aire de los que no fuman.

Esto hace que el cubano, tanto niño como adulto, se mueva en un medio social donde de manera clara se manifiesta la paradójica situación de enaltecer y reprobar el acto de fumar, donde los medios de comunicación resaltan la importancia del cultivo de la planta para la economía, mientras que de manera casi simultánea, se presentan programas dedicados a promover la salud, o se proyectan mensajes donde se destaca la nocividad del tabaquismo..

Todos los años se celebra el “Festival del Habano” el que centra la atención de los medios de comunicación, tal actividad se desarrolla con la presencia de figuras muy reconocidas del mundo cultural y a veces hasta deportivo, que se reúnen para festejar con todos los recursos que tan lucrativa empresa lo permite. Las subastas que se realizan han permitido obtener recursos para emplear en la salud, lo que no ha resultado bien visto por los que se encargan de la salud pública, pues existen ideas contrapuestas al respecto. Si bien los recursos se emplean en una causa de bien público, no es menos cierto que van a reparar los propios daños que causan, pero no comparables con los beneficios que obtienen.

Nuestro laureado Ballet Nacional, también apoya este Festival, con la puesta en escena de la obra “Romeo y Julieta” para servir de promoción a la marca de habanos de ese nombre, haciendo el juego a la tan discutida participación de los elementos de la cultura en la promoción del tabaquismo, que por demás resulta tan distante de lo que es el estilo de vida de los bailarines.

Para informar y educar se obtiene fácil el consenso, pero al hablar de prohibir siempre surgen los defensores de la libertad individual y en esa controversia de proteger al fumador pasivo y agredir al fumador, se hace lento el proceso de aprobación de todo documento legal y mas aun su exigencia y control.

Mientras no se resuelvan las paradojas y controversias anteriormente señaladas, el discurso y la realidad no van a marchar de la mano y por consiguiente se mantiene la brecha entre lo que está previsto hacer y lo que realmente se hace, teniendo como resultado que no se va a lograr que el tabaquismo deje de ser esa epidemia silenciosa que disminuye los logros en salud que hoy tenemos, afecte la calidad de vida de los cubanos y se siga trasmitiendo de generación en generación como parte de nuestras costumbres y tradiciones que han hecho que el cubano se identifique a si mismo como “un pueblo de fumadores.”

Buscar aliados para defender los derechos del consumidor

La salud pública cubana tiene un importante reto, pues la situación que se muestra hoy día con relación a otros países, impone que se asuma con total responsabilidad la política y estrategia documentada para hacerla coherente con el accionar de cada día. Se llame o no por ese nombre, se están defendiendo los derechos de los consumidores al facilitar recursos para que abandone la adicción y a los que no fuman, propiciarles ambientes libres de humo para no convertirlos en fumadores pasivos y que niños y jóvenes no se inicien en el consumo de tabaco.

Hay entonces que buscar aliados, el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS, los Objetivos de Desarrollo Sostenibles, son documentos de alcance internacional que en su esencia llevan defender los derechos humanos y por consiguiente proteger al consumidor. Hay que enfrentar la industria tabacalera, que cada día frena el desarrollo socioeconómico a nivel nacional y en los hogares, mientras que por otra parte infunde temor del impacto económico negativo que puede tener que los consumidores dejen de fumar y busca opciones para promover nuevas alternativas de productos para un mercado meta constituido por los grupos mas vulnerables con el apoyo de tratados internaciones de comercio.

Cerrar la brecha en nuestro país, donde el tabaco es parte de la propia vida, es bien difícil pero no imposible, solo se trata de lograr que el equilibrio en esa paradoja haga que el enfoque de salud predomine, que seamos capaces de fundamentar de manera científica, la relación costo – beneficio para que pueda prevalecer la salud pública en esa perenne controversia. Entonces y solo de esa forma, la realidad se acercará al discurso y fumar no formará parte del estilo de vida del cubano de estos tiempos, sin dejar de considerar al tabaco parte de la historia y la cultura nacional.

 

Bibliografía consultada

  1. Colectivo de autores. Ministerio de Salud Pública. Programa Nacional de Control y Prevención del Tabaquismo. MINSAP. 2010.
  2. Colectivo de autores. III Encuesta Nacional de Factores de Riesgo y Actividades Preventivas de Enfermedades no Transmisibles. Cuba 2010-2011. La Habana. ECIMED; 2015. p 30-58.
  3. Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros República de Cuba. Acuerdo 5570. Ciudad de La Habana: CECM; 2005.
  4. Direccion de Registros Médicos y Estadísticas de Salud. Anuario estadístico de salud. 2016. La Habana: Ministerio de Salud Pública; 2017.
  5. Lancés CL, y col. Segunda encuesta mundial sobre tabaquismo en jóvenes. Cuba 2004. Informe investigación. La Habana: INHEM, ENSAP, MINSAP; 2005.
  6. Suárez LN. El tabaquismo. Paradojas, controversias, mitos y realidades. La Habana: Editora Política; 2015.

 

*Licenciada en Psicología, Doctora en Ciencias Económicas. Investigadora Titular. Profesora

LA AGENDA INTERNACIONAL DE LA PROTECCIÓN DEL CONSUMIDOR

*Antonino Serra

Si lo comparamos con lo que ocurría diez años atrás no es difícil concluir que la protección del consumidor ha ganado un espacio cada vez mayor en la agenda internacional. Si bien los asuntos relacionados con los derechos de los consumidores y sus regulaciones no son nuevos en el escenario mundial, podemos afirmar que en este último decenio la importancia que han adquirido en foros internacionales es manifiesta.

Lo que antes parecía verse como un tema circunstancial o anexo a otros que supuestamente eran más importantes ha adquirido, por derecho propio y por su gravitación en los impactos que genera el establecimiento de políticas globales, un lugar que no había tenido antes.

Tal vez el ejemplo más elocuente sea la decisión de Naciones Unidas de crear un Grupo Intergubernamental de Expertos en Protección del Consumidor (IGE, por su sigla en inglés) bajo los auspicios de la UNCTAD, con los objetivos de auspiciar entre los gobiernos una mejor y mayor coordinación en la implementación de políticas dirigidas a los consumidores. Con vocación multilateral y amplia, el IGE también busca indagar sobre los problemas que enfrenta el mundo en la actualidad y dar una visión desde la perspectiva de “…el grupo económico más grande cuyas opiniones no siempre son tenidas en cuenta…”, como señalaba John F. Kennedy en su mensaje al Congreso de los Estados Unidos allá por 1962.

La segunda sesión del IGE se llevará a cabo en Ginebra el 3 y 4 de julio próximos. Si miramos la agenda de esa reunión[1] podemos tener un panorama de cuáles son los temas que importan a nivel internacional en la protección del consumidor: implementación de las Directrices para la Protección del Consumidor de Naciones Unidas a nivel nacional, regional y global; los marcos institucionales y legales para la protección del consumidor; la protección de consumidores vulnerables y en desventaja; el comercio electrónico; la creación de capacidades y asistencia técnica entre países.

Como puede notarse de los temas elegidos, la cooperación internacional y la implementación de las políticas y marcos legales ocuparán buena parte del debate. Por otro lado, los dos temas puntuales elegidos son una muestra elocuente de cuáles son las preocupaciones mundiales.

El comercio electrónico ocupa un lugar preponderante, repitiendo lo ocurrido en la primera reunión del IGE realizada en octubre de 2016, aunque el debate no se circunscribe específicamente a él sino que se amplía a lo digital, incluyendo el acceso a internet, la protección de datos personales y la privacidad, y los fenómenos que significan la economía colaborativa y la Internet de las Cosas. Y es que “lo digital” permea todas las discusiones porque vivimos en un mundo en que las conexiones entre consumidores, proveedores y el estado están cada vez más intermediadas por las tecnologías de la comunicación.

Otro ejemplo de la importancia de lo digital a nivel internacional es la reciente Cumbre de Consumidores llevada a cabo en Berlín, el 15 de marzo, en el marco de las actividades propuestas para el G20 por Alemania, que ostenta la presidencia de ese grupo. Esta Cumbre, inédita hasta ahora en ese foro, tuvo como eje los asuntos digitales y la consigna de analizar un mundo digital en el que los consumidores puedan confiar. La confianza está en el corazón de este mundo cibernético: confianza en que las transacciones respetarán derechos de los consumidores, confianza en que los problemas que puedan existir sean resueltos de manera concreta y rápida, confianza en que se protegerán los datos personales. Y, también, confianza en que el acceso a internet crezca ya que en la actualidad sólo el 50 % de la población mundial tiene acceso a él. Este tema de acceso está íntimamente relacionado con el segundo punto de agenda del IGE, es decir el de los consumidores vulnerables y en desventaja.

En ocasión de esta Cumbre, Consumers International y la Asociación de Consumidores de Alemania presentaron a las autoridades alemanas un conjunto de recomendaciones para hacer que esa confianza crezca y se fortalezca[2]. Estos principios fueron, posteriormente, tenidos en cuenta en la declaración final de la reunión que ministros de ciencia y tecnología mantuvieron en el marco de las actividades del G20, en abril de este año, y se espera que también sean parte de la declaración final de la reunión que los presidentes y jefes de estado del G20 mantendrán en julio. De igual manera, se espera que los países miembros de este grupo y también otros extra grupo tomen estas recomendaciones para incorporarlas al debate nacional.

Otros foros y organismos internacionales, como la OCDE, WSIS y la propia UNCTAD, están discutiendo sobre el fenómeno digital. En abril de este año se realizó por 5ta. vez la “E-Week”[3], una reunión promovida por UNCTAD para analizar y debatir el fenómeno digital. En ella se presentó la iniciativa “E-Trade for all”, que busca mejorar el acceso de pequeñas y medianas empresas al mundo digital como una manera de fomentar el desarrollo económico y social de los países y brindar a los consumidores mayores oportunidades de acceso a bienes y servicios; en este marco se debatió sobre la manera de abordar las complejidades que la resolución de conflictos transfronterizos tiene para el comercio electrónico, entre otras cuestiones.

En esa reunión, Jack Ma, fundador y presidente de Alibaba, el gigante del e-retail chino, señaló que estamos en un mundo digital y que en un futuro mucho más cercano que el que creemos casi todo el comercio nacional e internacional será electrónico. De allí que profundizar los análisis y la búsqueda de soluciones para los intrincados problemas a los que nos enfrenta el mundo digital no se circunscribe a las transacciones en sí sino que se extiende a la manera en que todos estamos conviviendo.

La interconexión es el standard de esta época y somos cada vez más interdependientes. Los consumidores, como se mencionó en los foros que mencionamos, ya no es un mero receptor de políticas sino que está en el centro de ellas como uno de sus impulsores y creadores; el comercio internacional ya no es un asunto que se resuelve entre países sino que es algo que los consumidores practican a diario con independencia de tratados comerciales bilaterales o multilaterales. La reputación de una empresa puede hacerse polvo en minutos si los consumidores no están satisfechos con sus acciones, sin importar si esos consumidores están o no en un país determinado, ni siquiera en el país donde la empresa pudiera haber violado los derechos de éstos.

Prestar atención a la agenda internacional es hoy más que nunca tener herramientas para pensar y desarrollar la agenda nacional.

[1] http://unctad.org/en/Pages/MeetingDetails.aspx?meetingid=1274

[2] Ver http://www.consumersinternational.org/media/1733768/g20-digital-recs-spanish-visual.pdf

[3] http://unctad.org/en/conferences/e-week2017/Pages/default.aspx

*Antonino Serra dirige el Programa Global de Consumers International  de Justicia y Protección del Consumidor, promoviendo iniciativas de defensa y de campaña para mejorar los derechos legales y sociales de los consumidores.

Las nuevas caras del mal: ahora son cibernéticas?

José Luis Laquidara*

Es muy probable que aunque fuera casualmente, por medio de la televisión, las noticias por Internet o comentarios efectuados por conocidos, compañeros de labor o por simple curiosidad, nos hayamos enterado que el viernes 12 de mayo  pasado y durante  el fin de semana que le siguió, se produjo un “ramsonware” -tipo de software malicioso diseñado para bloquear el acceso a un sistema informático hasta que se pague una suma de dinero-  de la variedad WannaCry  -quiero llorar-, que ha sido descrito como un ataque sin precedentes en tamaño e infectado más de 230.000 ordenadores en más de 150 países.

Las consideraciones técnicas sobre este hecho delictivo cibernético que mantuvo en vilo a los usuarios de Internet en todo el Planeta hasta que cesó, seguramente a cambio del pago de un rescate económico pagado con la criptomoneda Bitcoin para permitir el acceso a los datos, no deja de plantear, entre otros interrogantes, hacia dónde nos dirigimos al incorporarnos rápida o paulatinamente en la economía digital, según sea nuestra ubicación habitual en el Mundo.

La evaluaciones efectuadas por los expertos han dejado un primer resultado, que parecería ser no tan negativo para los consumidores de nuestra región sudamericana, toda vez que esta vez los efectos del ataque han sido reportados por países como Rusia, Ucrania, India y Taiwán, partes del servicio nacional de salud de Gran Bretaña (NHS), Telefónica de España, FedEx, Deutsche Bahn, Nissan, Renault, y como excepción más cercana la aerolínea LATAM.

La Directora Ejecutiva de Consumers International, Amanda Long, explicaba luego del ataque, que fue diferente de las violaciones de seguridad de alto perfil a las que estamos familiarizados, como Ashley Madison o Yahoo. En estos casos, los datos personales de las personas fueron objeto del ataque, lo que puede resultar en graves consecuencias: fraude con tarjetas de crédito, robo de identidad, así como dificultades en la información privada que se hace pública.

El ataque de Wannacry fue diferente porque no se dirigió directamente a los datos personales de los consumidores, sino que fue capaz de cerrar partes críticas de las empresas u organizaciones de los sistemas de TI y sólo abrir de nuevo una vez que se pagó un rescate.

Sin embargo, las consecuencias podrían ser muy graves, en tanto unos 47 fideicomisos del NHS en Inglaterra informaron de problemas en los hospitales y 13 organizaciones del NHS en Escocia fueron afectados a medida que se cancelaban las operaciones, ambulancias fueron desviadas de los departamentos de Accidentes y Emergencias y la gente tenía problemas para obtener recetas médicas.

En cuanto a los consumidores residentes en esas latitudes, los impactos inmediatos aparecen menos severos: la emisión de boletos de tren no estuvo disponible en partes de Alemania o en los servicios públicos en algunas partes de China. Sin embargo, las áreas de Internet se cerraron como una medida de precaución en algunos países.

Señaló la experta que este es un recordatorio de la gama de riesgos relacionados con la seguridad que los ciudadanos y consumidores enfrentan en un mundo digital cada vez más conectado. Aunque no siempre estemos conscientes de ello, los sistemas digitales dependen de los sistemas financieros, de salud, de transporte y comunicaciones en los que se apoyan millones de consumidores.

Y aunque los estados nacionales han estado construyendo defensas contra tales ataques contra su infraestructura nacional, el caso de Wannacry muestra cómo fácilmente esto podría suceder a cualquier servicio comercial como servicios de pagos, comercio electrónico o transporte. Incluso aquellos que no están conectados a Internet pueden verse afectados cuando los cajeros automáticos o el transporte no están disponibles.

La naturaleza conectada del mundo en línea trae múltiples beneficios. Pero las mismas interconexiones crean un gran desafío para cualquiera que intente mantener a las personas, países y activos seguros en el mundo digital. Prevenir una interrupción similar requiere que todos jueguen su papel, que los consumidores practiquen una buena seguridad digital, que las empresas mantengan los productos actualizados y seguros y que las organizaciones traten la seguridad cibernética como una prioridad estratégica.

La incorporación ineludible de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana de los consumidores de todo el mundo, indicador claro de desarrollo y que tendría que llevar consigo le mejora de las calidades de vida, comunicación, conocimiento y la amplia gama de beneficios que ello promete, también ha generado nuevas figuras del mal, siempre enfrentado con nuestra condición de seres falibles, desprotegidos ante las acciones delictivas y la mala fe de quienes no tiene límites territoriales ni temporales para cumplir con sus reprochables cometidos.

Realmente es un llamado de atención y una renovada demostración de que la sorpresa será un elemento que acompañará nuestra vida terrena como consumidores, más allá de quienes seamos, qué hagamos o donde vivamos.

 

*José Luis Laquidara, abogado argentino. Consultor en Derecho del Consumidor y Arbitraje. Cuenta con amplia experiencia en el servicio público de protección al consumidor.

Los neoliberales y la dictadura contra la ciencia

Por Alejandro Calvillo*

La marcha por la defensa de la ciencia que se celebró en más de 600 ciudades del mundo el pasado 22 de abril, Día de la Tierra, es un hecho histórico al marcar un momento crítico en la defensa del conocimiento. Teniendo como centro Washington y la arremetida de Donald Trump contra la ciencia de interés público, especialmente su ataque a la política ambiental y a la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, así como contra la salud pública y los Institutos de Salud de ese país, representa una tendencia global.

Pensar que los ataques de Trump a la ciencia son resultado único de la demencia de un sujeto que ha llegado al poder en el mayor imperio, es desconocer la historia de un poderoso sector económico que ha estado detrás del ataque a la evidencia científica sobre el cambio climático, sobre los daños al medio ambiente y a la salud pública de una larga lista de productos sintéticos, ataques a la conservación de la diversidad biológica, etcétera.  Todos estos ataques han tenido una sola causa: defender las ganancias de las grandes corporaciones globales.

Los republicanos estadounidenses, aliados de las grandes corporaciones, más que los demócratas, han mantenido fuertes batallas contra las regulaciones sanitarias, contra la regulación de diversos productos químicos, de los transgénicos, contra la veda a la exploración petrolera en regiones altamente vulnerables, contra la regulación de la comida chatarra en las escuelas, incluso, contra las regulaciones que garantizan la inocuidad en los propios alimentos.

Pero la dictadura contra la ciencia no es contra toda la ciencia, es contra aquella ciencia de interés público, la ciencia que no aporta a los grandes negocios. Para Trump y una parte importante de republicanos y sectores afines alrededor del mundo, debe invertirse en ciencia pero para el desarrollo militar, para la innovación tecnológica que aumente las ganancias de las empresas y gane las batallas comerciales, para que se consuma más y aumente el Producto Interno Bruto (PIB). No importa que a la vez que el PIB aumenta, aumente la desigualdad, la pobreza, la contaminación y la destrucción de los recursos naturales, y menos aún si esto ocurre fuera del país.

El ataque a la ciencia va también contra sus instituciones y ello incluye a las Naciones Unidas. Las amenazas de Trump de no aportar fondos a los organismos de Naciones Unidas tiene que ver con el hecho de que estas instituciones basan sus análisis, recomendaciones, acuerdos y compromisos internacionales en la evidencia científica para el beneficio e interés público. Trátese de la Organización Mundial de la Salud, del Panel Intergubernamental de Cambio Climático o del Programa de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la evidencia científica ha sido la base de sus recomendaciones. El conflicto de interés ha estado dentro de estos organismos, los intereses económicos se han logrado infiltrar, pero aún queda una fuerte tendencia dirigida a la política de interés público.

La OMS, frente a la epidemia global de obesidad y diabetes provocada por los cambios radicales de la dieta tradicional a la comida chatarra, recomienda regular la publicidad de estos productos, etiquetarlos con advertencias, sacarlos de las escuelas, imponerles impuestos y promover el acceso y subsidio a alimentos saludables, menos procesados, más frescos. La gran industria de alimentos y bebidas que domina el mundo quisiera ver desaparecer a la OMS o tenerla bajo su control.

La FAO señala la importancia de los pequeños productores en el abasto de alimentos a escala global, la importancia de apoyarlos como parte del combate a la pobreza y como única garantía de mantener la diversidad de alimentos, al tiempo que señala los graves impactos ambientales de la agroindustria de gran escala. La gran industria de alimentos, agroquímicos, transgénicos y semillas no ven en la FAO al aliado que les gustaría tener.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático publica sus reportes cada vez más alarmantes que muestran el avance del cambio climático y sus consecuencias, advirtiendo la crisis de alimentos y agua en grandes regiones del mundo, el impacto creciente de millones de refugiados ambientales y la inestabilidad política que provocará, cada vez más, el calentamiento global. Las petroleras, grandes financiadoras de los republicanos, no quieren tener límites ni regulaciones a su negocio.

Hemos llegado a un punto de inflexión en que enfrentamos una crisis civilizatoria. En lo político: la inestabilidad se ha extendido desde las regiones marginales, desde las periferias a los centros. La sociedad del hiperconsumo ha llevado a generar profundas inestabilidades en regiones ricas en recursos naturales, al provocar guerras para el control de las materias primas, especialmente los hidrocarburos. Es el acceso a los hidrocarburos la principal razón de las mayores crisis humanitarias que vivimos.

La crisis civilizatoria genera la conciencia de que el modelo debe cambiar, de que hay la necesidad de modificarlo. Ese escenario genera una reacción de resistencia de los intereses instituidos que se ven amenazados. La estrategia frente al mundo en crisis de estos poderes económicos es lanzarse a evitar el cambio, a hacerse de mayor poder, a evitar las políticas que pueden afectar sus ganancias. Y uno de los objetivos centrales es la ciencia, destruir o controlar las instituciones que generan la ciencia. Es el mismo fenómeno que vivimos al ver a la industria tabacalera comprando la ciencia para negar sus daños y lo que vemos actualmente con las refresqueras, pero a escala global.

A esta fuerza se suman varios sectores: el sector de la población conservadora que se distingue por el sentimiento de miedo, el sector de los trabajadores que han visto el deterioro de su calidad de vida y a los que se manipula poniendo en el exterior la causa de sus condiciones (migrantes, tratados comerciales, etc). Esta fuerza se expresa en Estados Unidos y diversas naciones europeas, a la vez que tiene sus propias expresiones en las llamadas naciones del Sur.

La ciencia no es neutral, ha servido a los peores fines y a los mejores. En un mundo mercantilizado, la investigación científica financiada por los grandes intereses económicos se ha dirigido, principalmente, a producir más barato para ganar más, sin importar la calidad de los productos y sus impactos al medio ambiente y la salud; a sustituir el trabajo de las personas por las máquinas, lo que puede ser en beneficio de la sociedad, pero no si eso solamente genera desempleo y no hay un beneficio social por el aumento de la productividad. La práctica común ha sido trasmitir las externalidades a la humanidad  y el planeta (daños ambientales, daños en salud) mientras se privatizan las ganancias.

Pero la ciencia que se defendió en la marcha y más de 600 eventos alrededor del mundo, es la ciencia por el interés público. Es la ciencia que nos puede llevar a mitigar el cambio climático, a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que nos puede ayudar a enfrentar las epidemias, a formas de producción y consumo más sustentables, a la protección de la biodiversidad, es decir, la ciencia que debe ser la base de evidencia para elaborar las políticas de interés público.

La amenaza a esta ciencia de interés público se agrava en todo el mundo y hemos visto como en México se le combate por los mismos intereses económicos, especialmente, en el caso de la epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes que está poniendo en riesgo a varias generaciones de mexicanos.

*Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador de Greenpeace México donde laboró en total 12 años, cinco como director ejecutivo, trabajando temas de contaminación atmosférica y cambio climático. Es miembro de la Comisión de Obesidad de la revista The Lancet. Forma parte del consejo editorial de World Obesity organo de la World Publich Health Nutrition Association. Reconocido por la organización internacional Ashoka como emprendedor social. Ha sido invitado a colaborar con la Organización Panamericana de la Salud dentro del grupo de expertos para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia. Ha participado como ponente en conferencias organizadas por los ministerios de salud de Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Chile, así como por el Congreso de Perú. el foro Internacional EAT, la Obesity Society, entre otros.

Tendencias del Consumo Juvenil y propuestas para una pedagogía ciudadana para el consumo consciente

Jorge Osorio Vargas*

Introducción

El presente documento  tiene una orientación práctica, pues  pretende que sus contenidos permitan generar debates en las organizaciones de consumidores, las organizaciones juveniles, así como en otros ámbitos interesados por esta temática.

Además, me ha parecido pertinente  que el trabajo se orientase también  a establecer un marco general para implementar  un programa de intervención socio-educativo que identifique las problemáticas del consumo juvenil en nuestra región y desarrolle líneas de acción en perspectiva de fomentar una pedagogía   ciudadana  para el “consumo consciente”.

Sabemos que el fenómeno que nos interesa es complejo pues abarca procesos de subjetivación de los jóvenes, sus elaboraciones simbólicas y culturales,  sus capacidades de consumo cultural, sus aspiraciones a disfrutar de bienes que en la actualidad son claves en la generación de capital social y de competencias habilitantes para una actuación protagónica  en la sociedad. Todo esto,  en el contexto de los países de América Latina, en los cuales, el mayor consumo simbólico y mediático, que es una de las características  más significativa de las nuevas tendencias del consumo juvenil a nivel global, no va acompañado de dinámicas que conduzcan a niveles mayores de justicia distributiva y de acceso a bienes materiales que hagan totalmente viable la aspiración a la autonomía y el protagonismo social.

En este trabajo hemos elegido una hebra para encaminarnos, a través de ella, hacia una compresión de totalidad: esta hebra es la de las  tendencias de consumo  tecno-comunicativo  de los jóvenes en el marco de la sociedad capitalista del conocimiento .

Sabemos que esta opción nos restringe el análisis del fenómeno a un segmento de la juventud, que dado su acceso material  a las herramientas y redes mediáticas puede tener una  participación activa  en las  dinámicas de consumo tecno-comunicativo. Por tanto, debemos reconocer el marco restringido que tiene nuestro trabajo.

Teniendo en cuenta lo señalado , nos  hemos planteado  preguntas que son claves para el trabajo de las organizaciones de consumidores en el ámbito de las culturas juveniles: cuáles son los estilos de consumo ;  qué formas de pensar y procesar los cambios culturales  están en la base del consumo en una sociedad mediática, cuáles son las transformaciones de la industria  del mercadeo  que exigen mejores respuestas educativas; cómo se configura un nuevo tipo de consumidor en la sociedad mediática, sus potencialidades y sus limitaciones; cuáles son las formas de  construir la identidad personal a través del consumo y las posibilidades de desarrollar una conciencia crítica y de responsabilidad en el “mundo-consumo”  (Bauman, 2010)

El trabajo realizado nos ha permitido identificar  cinco grandes temáticas, en cada una de ella rastreamos sus principales coordenadas y las interrogantes que plantean, en  la perspectiva de generar una agenda para la acción:

  1. La cuestión de la “nueva juventud”
  2. Las macro transformaciones  que inciden en el consumo juvenil
  3. Las dimensiones culturales del consumo juvenil
  4. El consumo juvenil como un “campo en disputa”
  5. La pedagogía ciudadana  y la enseñabilidad del consumo consciente

 

  1. La cuestión de la  “nueva juventud”

Por largo tiempo fue un lugar común sostener que la juventud correspondía a una etapa humana de inseguridad, desprotección y angustia: los cambios biológicos, sociales  y afectivos  que se experimentaban en la juventud nos  referían a una época  de incertidumbres y relativa desprotección.

Esta  realidad  está cambiando de manera significativa, pues, más allá  de las transformaciones globales que afectan todas las dimensiones de la vida social , se están generando  dinámicas juveniles  de respuesta  activa a estas transformaciones , que les coloca  un sello  propio a su incorporación a nuevos espacios públicos y de socialización en la llamada sociedad digital o mediática.

La  experiencia de la juventud se ha  desvinculado de la familia  de valores tradicionales, y aunque  existe la tendencia a que los jóvenes permanezcan más tiempo que antes viviendo en la casa de sus padres esto no se expresa en restricciones.

La  capacidad de la juventud para  interactuar con los cambios acelerados de la sociedad  forma  parte de lo inédito que constituye   la misma: lo que caracteriza la juventud de hoy es su capacidad para reorganizar los modelos de socialización tradicionales.

Este  protagonismo  juvenil  trae consigo  también un desplazamiento de la centralidad de la familia como ámbito formativo y de ejercicio de la autoridad y  a una puesta en cuestión  del poder educativo de la escuela. Pareciera que son los propios jóvenes los que establecen  los ámbitos y medios para desarrollar sus procesos de afirmación identitaria y de sus relaciones inter-generacionales.

La cotidianidad de los jóvenes está asociada a la búsqueda de espacios propios  y a la puesta en cuestión de los sentidos comunes aceptados  por sus adultos, tanto en la política como en la cultura y en los estilos de vida.

Además, el acceso  de los jóvenes a la “sociedad tecnológica” les permite desarrollar competencias para  participar en ámbitos cognitivamente más complejos, que generaciones anteriores no llegaron a imaginar.

Las instituciones que han socializado históricamente a los jóvenes están  bajo tela de juicio,  precisamente,  por la emergencia por las nuevas maneras de constituirse en sujetos que  poseen  los jóvenes, entre ellas:   sus formas de consumir  y las relaciones  que  establecen los jóvenes con   las industrias cuturales, comunicacionales, tecnológicas, del entretenimiento  y del mercadeo.

En el marco de la sociedad capitalista del conocimiento, la juventud es “captada” ( o capturada) desde el  llamado “enfoque del  consumo mediático” , cuyas principales características son:

  • Los jóvenes son identificados como una masa de poder adquisitivo
  • Los jóvenes de hoy son la generación de los “consumidores del futuro” por lo que es preciso conocer  e interactuar con ellos para conseguir beneficios estratégicos en las siguientes décadas.  Y también adecuar el mercadeo de los adultos actuales a los gustos de los jóvenes, lo que se conoce como “consumo adolescente”, esto es de adultos que consumen artículos  de jóvenes.
  • La generación  actual de jóvenes consumidores tiene gran capacidad de  conectividad, de interactuar en redes sociales y de uso de nuevas tecnologías de comunicación, por lo cual se amplían los circuitos de generación de tendencias.
  • Esta generación posee mayores condiciones formativas   formales pero una alta vulnerabilidad laboral y necesita formas de identificación y consumo simbólico que reemplacen la “identidad por el trabajo”
  • Ha migrado desde los espacios públicos institucionales como ámbitos de identificación y participación social hacia las redes virtuales y el consumo individual como ejercicio de configuración cultural, y la generación de  nuevos espacios de participación pública vía las redes virtuales es aún potencial, sin llegar a consolidarse aún nuevas formas de ejercicio de la ciuidadanía política y social ( tecno-sociabilidad)
  • Se apuesta a  que, en la generación joven, es posible encontrar una audiencia o recepción favorable a la idea de una “empresa moderna, innovadora, “responsables socialmente” en sintonía con el cuidado del medio ambiente y las culturas juveniles”
  • Se identifican estilos de vida de los jóvenes como inspiración para el posicionamiento de las  marcas.
  • Se socializa el mensaje de que estar en la delantera de la moda o “en la corriente” es signo de reconocimiento y de estatus cultural: esta filiación es una credencial de modernidad e implica  la pertenencia a una “plataforma de contenidos” que implica códigos y lenguajes propios ( es lo que Bauman llama el “fetichismo de la subjetividad”).
  1. Las macro transformaciones que inciden en el consumo juvenil.

Existen macro transformaciones que contextualizan el fenómeno de presentamos y que deben ser atendidas en todo análisis.

En primer lugar,  la complejidad y las  dinámicas de expansión  de la vida  urbana y  de la movilidad juvenil (desplazamiento, conectividad,  uso de medios de transportes, servicios públicos, medios de comunicación, abastecimiento, servicios alimenticios, etc.) han constituido relaciones de  consumo referidas a la conectividad, al ahorro de tiempo y a la disponibilidad de servicios que permitan responder a las necesidades que genera  la aceleración y demanda comunicacional y  de transporte.

Esta situación se expresa en las nuevas formas de ofertar servicios de alimentación, acceso de bienes  culturales, transporte y recreación.

En segundo lugar, la sociedad del conocimiento (o sociedad digital y mediática)  ha generado  dinámicas de acceso,  participación y apropiación identitaria  por parte de los jóvenes de tal relevancia que se genera  una cultura de conectividad  y digitalismo cada vez más extendida y sofisticada.

La conectividad es percibida por los jóvenes como una necesidad humana, una forma de “estar al corriente”, una vía de información, de pertenencia social, de aprendizaje, de recreación y ocio, entre otras dimensiones.

La oferta tecnológica hace de la era digital una vía de integración y disfrute de los jóvenes a los procesos de innovación y cambio a nivel global.   Esta presión juvenil por “estar conectado ha impactado en las  tendencias pedagógicas que valoran las competencias de la llamada “generación digital” , lo que implica que la propiedad y el acceso  a  nuevas “máquinas” o “herramientas” de la comunicación sea  percibido como  un bien público  y una aspiración universal.

En tercer lugar, la  llamada  sociedad mediática no es  por sí misma inclusiva; en ella  se  expresan  las asimetrías sociales y económicas,  existen brechas en el acceso y uso de las tecnologías de la comunicación.

Esta realidad genera  una demanda  juvenil  para extender  el consumo tecnológico. Como este fenómeno de “apropiación tecnológica” es principalmente individual  se constituye en un factor de distinción y selectividad, lo que refleja  las inequidades sociales y  niveles altos de frustración y decepción juvenil.  Si bien el consumo tecnológico  por parte de los jóvenes ha sido reconocido como un factor de de la cohesión social (democratización digital), y por tanto una aspiración reconocida  y necesaria, la inversión en calidad, sofisticación e innovación impacta aún fuertemente en los costos  de los bienes tecnológicos.

En  cuarto lugar,  la  versión  comunitaria del consumo tecnológico a través de la  participación en redes sociales es cada vez más relevante como fenómeno cultural.

Las redes sociales virtuales están creando nuevos códigos de comunicación juvenil y fomentando acciones colectivas  que han demostrado ser eficientes y rápidas en coyunturas sociales o políticas. Estos códigos, las redes mismas y sus soportes, son ya factores fundamentales en la lógica  de desarrollo de las empresas y de la publicidad, pues constituyen el sostén del paradigma  publicitario interactivo.

En quinto lugar,  y asociado  a la anterior tendencia, existe cada vez más  la necesidad de los jóvenes  de “gestionar” la información y el conocimiento. La Red y el uso de las tecnologías on line demandan del joven  exigencias de sistematización, almacenaje e interpretación de  una información voluminosa, instantánea  y continuamente actualizada.

Por ello, los jóvenes, también en sus actos de consumo, se asocian a comunidades que comparten interpretaciones y  elaboran “marcos”  de actuación que son reconocidos como propios.

En sexto lugar, siempre en el ámbito de las nuevas tecnologías on line,  es preciso identificar un fenómeno importante a nivel juvenil:  el uso y dominio tecnológico comunicacional va aparejado con el desarrollo de la autonomía y la percepción de poder y control sobre la propia capacidad de comunicar y  posicionar  en el vasto mundo virtual una parcela de “sí mismo”, es decir  identificarse ante los demás,  y llegar a generar una marca personal, un referente de poder individual, que puede llegar a ser compartido formando parte de redes u otras formas de asociativismo.

3.- Las dimensiones culturales del consumo juvenil

En estos contextos, el consumo juvenil  no sólo  es un  fenómeno material sino también subjetivo, es decir que remite a un significado cultural que tiende a identificar al consumidor con un valor.

Sustentados en lo dicho podemos señalar las siguientes afirmaciones en relación al consumo juvenil:

  • El consumo juvenil se desarrolla en un modelo mediático que  integra  y comunica a los jóvenes a través de redes sociales sustentadas en herramientas y tecnologías digitales.
  • La globalización  y mediatización cultural expone a los jóvenes a ofertas diversas que generan efectos híbridos en sus procesos de identificación lo que se manifiesta en sus  nuevas formas de  participación social, en sus gustos y preferencias estéticas y en sus formas de relacionarse con las instituciones formadoras.
  • El predominio de las  modalidades mediáticas de relaciones sociales y el uso de equipamiento tecnológico como condición para la participación en tal modelo de socialización conlleva una diversificación asimétrica en los jóvenes debido a las diferencias de acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación
  1. El consumo juvenil como campo en disputa

Corresponde interrogarnos  si el fenómeno que estamos describiendo va en dirección a la cohesión e inclusión social o en sentido inverso. Por una parte, valoramos los aspectos protagónicos que caracterizan a la juventud en relación al consumo tecnológico y cultural y a sus habilidades para “leer”  las innovaciones y las complejidades cognitivas de la sociedad digital.

Aún más, es preciso reconocer su capacidad de criticar y distanciarse de  las instituciones tradicionales,  que pretendidamente eran las responsables del  “tránsito a la adultez” tal como se concebía la juventud en décadas no muy lejanas, para refundar  sus formas de expresión y de socialización.

Potencialmente la juventud  representa la capacidad de la sociedad de crear nuevas bases  para el  reconocimiento, la pertenencia, la formación y la creatividad.

Sin embargo, el cuadro que presenciamos  en América Latina no es tan optimista o excento de dificultades y dilemas.

El mundo adulto tiende a ser refractario a las nuevas formas de comunicación juvenil y se las percibe como amenazas o conductas “al límite”, lo que supone poner en riesgo entidades como la escuela, que sigue siendo para la sociedad el ámbito socializador por excelencia de los jóvenes.

Un asunto clave es que, no obstante que  esta “juventud”  es más dotada de capital cultural y de educación formal, con más capacidad de conectividad en una sociedad global y competente para identificar los códigos  de la  cultura digital que las generaciones anteriores, tiene una alta fragilidad a la hora de transitar  de los estudios y sus certificaciones oficiales al empleo. Podemos decir que es una generación que se está educando  en una sociedad donde el empleo no está asegurado y si se consigue la mayor parte de las veces será precario. Esta situación nos plantea una asunto no menor: la amplitud del consumo cultural versus la limitación del consumo material.

La  creación de espacios  y circuitos de comunicación  interactivos permite cierta  homologación de las capacidades de los jóvenes, sin embargo, esto no es del todo cierto. Aunque, efectivamente,  las comunidades mediáticas descansan sobre la premisa de la igualdad para difundir contenidos, sobre la cual descansa la utopía de los cambios revolucionarios del movimiento de software libres este “comunitarismo”  no se corresponde  con las condiciones materiales de sus participantes y sus posibilidades materiales de acceso de bienes y servicios fundamentales como la salud, la alimentación y la educación.

Es posible identificar a este “comunitarismo de redes” como una expresión de un altruismo individual significativo, pero, al fin, privatizado y mercantilizado por las técnicas de mercadeo de última generación.

 

  1. Pedagogía ciudadana  y enseñabilidad del consumo consciente        

¿Qué significa  desarrollar, en este contexto, una pedagogía   ciudadana  sobre el consumo juvenil”?

Reconocer el protagonismo juvenil y su capacidad de apertura a los nuevos tiempos digitales y globales no debe significar un “presentismo” práctico, es decir el uso y consumo superficial sin referencias a valores.

Rescatamos la capacidad  (y necesidad) de los jóvenes para  interpretar los recursos y bienes disponibles “on line”,bpero es preciso entender que la sociedad no sólo se agota en su “onlinealidad”.   Bauman (2010) habla del “espectro de la superfluidad”, del exceso, del despilfarro y la redundancia, de lo efímero, de lo frágil y de lo volátil del consumo en una sociedad mediática.

La contracara del pretendido “protagonismo juvenil” en las relaciones de consumo es la fetichización de la subjetividad, que opaca la realidad de fragilidad del presente por su alta incertidumbre. Se  hace relevante plantear interrogantes tales como: ¿estar conectado para qué? o ¿consumir conectividad para qué futuro?

El consumo de los jóvenes, tiende a ser  volátil y multívoco, por ello el  proceso de construcción de identidad que se desarrolla a través de sus patrones de consumo  también lo es.

Lo que está en disputa para una pedagogía ciudadana es cómo desarrollar la capacidad de construir, un universo inteligible en las relaciones de consumo: que las mercancías sirvan para pensar, que permitan generar problemáticamente “sentidos”  humanos.

Este planteamiento nos conduce a  sostener  que el “consumo”, en cualquiera de sus dimensiones, supone un aprendizaje del sujeto, que lo habilite para comprender los circuitos del consumo y las posibilidades de “ser integralmente humano” en ellos,  que el optimismo progresista  que se expresa en la imagen  del “joven que consume conectado” no sea un asunto “a-problematizado”. No podemos “naturalizar” los nuevos modos del consumo juvenil,  como si fueran operaciones comunicacionalmente neutras, pues son construcciones  históricas, que obedecen a dinámicas complejas y  que refieren a un espacio  simbólico y material en disputa.

La hiper-conectividad  representa cierta onmi-presencialidad, es decir que ninguna dimensión del ser humano está al margen de su dominio.  Por ello, es preciso plantearse el tipo de “experiencia” que conlleva el consumo hiper-mediatizado, sus límites y consecuencias.

Para avanzar en este sentido tenemos que asumir  algunas tareas en ámbitos donde aún no tenemos informaciones y conocimientos suficientes para comprender nuestra temática de interés y desarrollar estrategias pedagógicas: la capacidad económica de los jóvenes para llegar a ser materialmente sujetos de consumo; los conceptos de ahorro, riesgo e inversión en la juventud; las transformaciones cualitativas de las “sensibilidades”  y “estilos” del consumo como condición para plantearnos la “enseñabilidad”  del “ consumo consciente”, el ejercicio de la ciudadanía económica y social y el reconocimientos de sus derechos como consumidores en una sociedad digital, la alfabetización mediática y la lectura crítica de la publicidad y de las dinámicas de las industrias culturales y audiovisuales.

En nuestra opinión los ejes de una pedagogía ciudadana para el consumo  consciente de los jóvenes deben ser:

  • El desarrollo de estrategias de acceso y participación en la sociedad mediática que generen capacidades y competencias críticas de juicio y deliberación ética,  sin reducir  la autonomía de los sujetos juveniles.
  • La educación del sentido de lo común, como condición de base para el  consumo consciente , debe articular las aspiraciones individuales con las colectivas en un proceso que vaya del “acceso”  a la experiencia y , luego, a la comunidad.
  • Educar   en el contexto de las “trayectorias vitales” de la juventud, reconociendo la diversidad de las culturas sociales y su heterogeneidad, sus diversas formas de expresión y de convivencia, su conceptos de “formación “y de “aspiración”, generando modalidades de trabajo educativo entreverado en sus redes de comunicación  y en las dinámicas y espacios en los cuales se van configurando precisamente sus “trayectorias vitales”.
  • El horizonte  de sentido de una pedagogía del consumo consciente  debe ser una ética de responsabilidad y eco-cuidado, lo que implica no renunciar al consumo sino re-ejercitarlo desde una  nueva manera de ser humano, la del buen-vivir.

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*Educador chileno. Profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso (Chile). Especialista en políticas educativas, educación ciudadana, educación de adultos y educación para el desarrollo sustentable. Realizó  varios trabajos de consultorías para la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de Consumers International

El Salvador con la tasa per cápita más alta de denuncias en agua potable.

Armando Flores*

Desde 1993, la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) designó oficialmente el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua. En julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la ONU reconoció “que el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”.

Dicho reconocimiento propugna que en todos los países, con énfasis en los países en desarrollo, se intensifiquen los esfuerzos para proporcionar a toda la población un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible.

La preocupación de la ONU no es de menos, ya que más de 800 millones de personas carecen de acceso a agua potable y cada año fallecen aproximadamente 1.5 millones de niños y niñas menores de 5 años a consecuencia de enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento.

Este déficit en el acceso a agua segura tiene múltiples causas, destacando la insuficiente inversión pública en el sector, la aún limitada transferencia tecnológica, que combinada con la corrupción pública y privada, son factores que refuerzan la injusta, inequitativa y desigual condición existente en el acceso a agua potable y saneamiento.

El panorama en los países en desarrollo es tan perturbador que parece casi natural la coexistencia de ciudadanos, principalmente de sectores medios y altos en zonas urbanas, que tiene acceso a agua por cañería con su respectivo saneamiento, pagando por ello tarifas con un importante componente de subsidio, y por otro lado, importantes contingentes de población, sobre todo sectores de escasos recursos que habitan en las periferias urbanas y en zonas rurales, que tienen un precario acceso a agua potable o no lo tienen, lo que les obliga a comprar el agua a camiones cisternas a precios exorbitantes y en deficientes condiciones de salubridad.

Un ejemplo de lo anterior es lo que sucede en El Salvador. Aquí, la empresa pública de acueductos y alcantarillados cobra aproximadamente 8 dólares por el consumo de 30 metros cúbicos a los usuarios conectados a su servicio. Una situación mucho más difícil es la que sufren las familias que no tienen suministro de agua a través de la red pública, y que no tienen más salida que consumir el agua que venden camiones cisternas privados; en este caso, el agua es comprada por lo menos a 1 dólar el barril, y si el metro cúbico tiene 5 barriles, el precio del metro cubico sería 5 dólares, monto que es casi veinte veces más caro que los 0.27 centavos de dólar en promedio que paga por metro cúbico (5 barriles) la familia del ejemplo de los 30 metros cúbicos de agua al mes.

Como se ve, en El Salvador es relativamente baja la tarifa del servicio de agua que suministra la empresa pública y es carísima el agua que consumen los hogares pobres y los que no tienen conexión a la red pública, lo que plantea grandes retos para el cumplimiento del derecho humano al agua.

También es otro reto para el derecho humano al agua el que exista un eficiente sistema de atención de los reclamos de los usuarios del servicio de agua potable; al respecto, es llamativo que El Salvador se destaque como uno de los países donde más denuncias se producen por problemas con este servicio. Una de dos, o es que los consumidores salvadoreños somos muy activos en la denuncia o es que la empresa pública aún mantiene una prestación del servicio con muchas deficiencias.

 

Denuncias sobre el servicio de agua potable en varios países
País 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Promedio
Costa Rica 92 123 192 263 245 186 183
Panamá 138 97 151 450 711 553 350
Argentina 3,293 3,602 4,944 4,934 4,590 5,850 4,535
El Salvador* 10,732 8,990 7,603 6,076 4,964 8,382 7,791
Chile 9,179 10,742 12,214 12,008 12,527 11,664 11,389

 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (Costa Rica), Autoridad Nacional de Servicios Públicos (Panamá), Ente Regulador de Agua y Saneamiento (Argentina), Defensoría del Consumidor (El Salvador) y Superintendencia de Servicios Sanitarios (Chile).

* Los datos corresponden a los años de gestión que van de junio a mayo.

Teniendo en cuenta que la población de El Salvador ronda los 6 millones, en Chile son 17.9 millones y en Argentina son 43.4 millones de habitantes, se puede afirmar que El Salvador tiene la tasa per cápita más alta de denuncias por los servicios de agua potable.

Así entonces, es bueno que conmemoremos el Día Mundial del Agua, pero sobre todo esta es una ocasión propicia para anunciar planes y estrategias concretas para atender los problemas de accesibilidad, disponibilidad y calidad en el servicio de agua potable que aún afecta a importantes segmentos de la población.

 

**Fundador y ex Director del Centro para la Defensa del Consumidor, ex Presidente de la Defensoría del Consumidor y ex Ministro de Economía en El Salvador.

Día Mundial de los Derechos del Consumidor:

“Construir un Mundo Digital en el que los Consumidores puedan Confiar”

Por Tamara Meza*

A pocas horas de la conmemoración del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, es necesario reflexionar acerca de la protección al consumidor en este nuevo mundo digitalizado, con sus beneficios y complejidades.  No cabe duda de que las nuevas tecnologías digitales están teniendo un gran impacto sobre los consumidores de todo el mundo, y generan muchas ventajas que incluyen la mejor comunicación, acceso a información, más opciones y comodidad.

Sin embargo, para construir un mejor mundo digital es necesario plantearse cómo los consumidores, la sociedad civil, los gobiernos y las empresas están abordando este desafío, donde en ocasiones la legislación va un paso más atrás de los avances tecnológicos. Por ejemplo, para llegar a un público de 50 millones de personas, el teléfono necesitó 75 años, pero a Facebook le bastó un año, y a Instagram, apenas 6 meses. Esto según datos que arrojó una encuesta realizada el 2015 a las organizaciones miembro de Consumers International donde una de las conclusiones fue que en muchos países la legislación no respondía con la rapidez necesaria.

En este nuevo escenario,  se hace imperativo resolver temas como la forma de establecer el acceso a Internet para esos miles de consumidores que no están conectados. Menos del 10% de las personas que viven en los países con menor desarrollo económico tienen acceso a internet, en comparación con más del 80% en los países desarrollados.

También resulta imperativo, mejorar la calidad de los servicios en línea y la seguridad en la red. En 2015 más de 500 millones de registros personales digitales se perdieron o fueron robados, dejando 429 millones de identidades sin protección, no es en vano que tres cuartos de las personas a nivel mundial estén preocupados de cómo las compañías en línea utilizan su información.

Junto con el fomento del acceso, la participación y la innovación, algo que es una prioridad para los consumidores, para la economía y para la sociedad, es también importante la participación del consumidor en los temas digitales y el resguardo de sus derechos en la red, como por ejemplo exigiendo a las empresas mejoras en los servicios digitales y trasparencia en las transacciones en línea. Además de pedir  a sus gobiernos que establezcan reglas claras y transparentes en los asuntos digitales.

El 15 de marzo, Consumers International, en colaboración con el Ministerio Federal de Justicia y Protección al Consumidor de Alemania (BMJV) y la Federación de Organizaciones Alemanas de Consumidores (VZBV), coauspiciará una cumbre de consumidores del G20 en Berlín, Alemania. La cumbre será una parte oficial de la presidencia de Alemania del G20 y tendrá como objetivo destacar la importancia de la protección y empoderamiento del consumidor en la economía digital, donde es relevante abordar la protección del consumidor transnacional.

Sin duda que esta Cumbre es una gran oportunidad para que los líderes de las empresas, los gobiernos y la sociedad civil discutan sobre los desafíos digitales y las oportunidades que enfrentan los consumidores.

Es necesario contar con mejores marcos regulatorios, para abordar de manera eficaz los mercados digitales y el desempeño en línea de los consumidores digitales. Las empresas tanto a nivel local, como las que operan de manera trasfronteriza deberían adoptar las prácticas recomendadas por  la Organización de Naciones Unidas que establecen que todos los consumidores de productos y servicios digitales sean tratados en forma equitativa, honesta y justa en todas las etapas de su relación con los proveedores de los productos y servicios. Asimismo, los consumidores necesitan garantías sobre el producto, compensación en línea a los reclamos, protección de datos y seguridad en línea, para que de este modo pueden acceder a servicios en línea más seguros.

Se puede apreciar que Consumers International, con sus organizaciones afiliadas y colaboradores están haciendo un esfuerzo considerable por instalar el tema digital en las agendas nacionales e internacionales y abrir paso a una participación activa de los consumidores en esta relevante temática. Una  demostración de la participación de los consumidores en este Día Mundial queda reflejada en el  mapa interactivo que muestra las numerosas actividades que se están llevando a cabo en el mundo.

*Tamara Meza, Regional Networker, Consumers International

CONSUMIDORES Y EMPRESAS SANITARIAS

“Una reflexión desde Chile”
Fernando Balcells *

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Los problemas vinculados con el acceso, cobertura y calidad del agua y los servicios de saneamiento, ocupan un rol principal en las preocupaciones y acciones de la sociedad civil latinoamericana. La Fundación Chile Ciudadano, en conjunto con organizaciones de consumidores de todo el país organizaron encuentros con  empresas sanitarias en diversas regiones del país. El artículo que sigue, hace un balance de la situación después de dichos encuentros y propone desafíos para avanzar en una temática relevante para la calidad de vida de las personas en nuestro continente.

En la mayoría de los parámetros con los que podemos medir nuestra situación social, es más o menos claro que estamos avanzando. Sea que miremos estadísticas demográficas o de salubridad pública, los chilenos –a pesar de que se enferman más- viven más.

Cuando se privatizaron las empresas sanitarias en los noventa, se buscaba dar continuidad a una política de Estado, captar recursos frescos y sobre todo, comprar una buena gestión profesional. El objetivo declarado era completar las redes de alcantarillado urbano y la cobertura de las plantas de tratamiento de aguas servidas. Se traspasaron activos y se aseguró a las empresas una rentabilidad por sobre la tasa de interés corriente.

El proceso no ha estado exento de dificultades, curvas, sinuosidades y tropiezos pero el balance respecto a los objetivos iniciales ha sido razonable. Se ha mantenido y ampliado el servicio de agua potable y, a pesar de que no tenemos indicadores de la evolución de la calidad del agua, y que nos faltan estadísticas consolidadas sobre las interrupciones del suministro, este es un aspecto central en el que el sistema puede estar satisfecho. La construcción de alcantarillados ha seguido un ritmo mayor que el de otros servicios urbanos y, aunque tampoco tenemos estadísticas comparativas ni consolidadas, se ha cumplido aceptablemente con las expectativas. Lo mismo sucede con las plantas de tratamiento de aguas servidas que, a pesar de un comienzo tecnológicamente insuficiente y salvo algunos desempeños vergonzosos como el de Aguas Araucanía, han ido progresivamente saneando las descargas de nuestros desechos corporales.

En el conjunto y a pesar del pesado atraso rural, los avances constituyen un orgullo bien ganado para los ejecutivos, trabajadores y supervisores del sector sanitario chileno. Espero haber hecho justicia en esta introducción a ese orgullo por el trabajo esforzado y bien hecho. Ahora veamos lo que ese orgullo pasa por alto.

En ninguna parte del proceso que he descrito se mencionan a los usuarios y consumidores de servicios sanitarios. La verdad es que a pesar del discurso políticamente correcto de la inclusión y a pesar de los esfuerzos por lograr mayores niveles de participación ciudadana en la consejería de las instituciones públicas y a pesar de los esfuerzos de diálogo social que han emprendido algunas empresas y organizaciones sociales; a pesar de nuestras muy buenas intenciones compartidas, no hay participación de ciudadanos y consumidores en el sector sanitario.

Para decirlo en buena forma, a pesar de los esfuerzos y la perseverancia de empresas como Essbio o Essal, no hemos encontrado la manera de institucionalizar la participación de los usuarios en el sistema. Para ser todavía un poco más precisos, no hemos sido capaces de imaginar los beneficios de la participación tanto para el sector en su conjunto como para las empresas que lo componen.

Veamos la situación.

Revisando la página de la Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS)  me encontré con cifras de reclamos idénticas a las de hace tres o cuatro años. Los motivos de los reclamos siguen siendo los mismos y las empresas reclamadas siguen participando en la misma proporción en las fallas detectadas. Nada ha cambiado en esas estadísticas y, si debiéramos creerle a ese sistema de indicadores, no hemos avanzado nada respecto a la satisfacción de los consumidores.

Estamos hablando de 600 mil reclamos al año, reportados por las empresas a la SISS. Para tener una idea, esa cifra es el doble de los reclamos que registra el Servicio Nacional de Consumidor (SERNAC) para todos los productos y servicios no regulados que se transan en el país.

Si bien estos reclamos consignados no reflejan la magnitud cuantitativa de los problemas de los consumidores, constituye un mejor indicador que las encuestas de satisfacción de los clientes que realiza la SISS. Las encuestas siempre encuentran lo que buscan; estas sirven para ratificar la satisfacción de los clientes y la autocomplacencia de empresas y autoridades. Esta auto indulgencia es la otra cara, el aspecto acrítico del orgullo legítimo de los trabajadores del sector.

No he revisado los números del último año, pero lo normal es que estas encuestas califiquen la calidad del servicio como ‘buena’, que las empresas obtengan notas entre 5 y 6 por su desempeño y que los clientes no tengan en general quejas sobre el servicio recibido.

Sin embargo, si se hacen algunos cruces creativos con la información objetiva de los reclamos y los informes de gestión, tenemos que la satisfacción se contrasta con los comportamientos reales de la población. Sobre un tercio de la población declara que en su hogar no se bebe agua del servicio porque no la consideran potable.

A las empresas y a las autoridades les gusta decir que este es un problema de ‘percepción’ de la gente. Es un error de las personas producto de la ignorancia. La secuencia es más menos como sigue.

  1. En Chile el agua es de muy buena calidad. (En este punto incorporamos el chovinismo que funciona perfecto entre nosotros; el agua en Chile es la de mejor calidad de América Latina).
  2. Los niveles de minerales y en particular de arsénico están dentro de la norma chilena. La norma, si es chilena es buena; la norma es la norma y no hay lugar para discutirla fuera del ámbito académico.
  • Bueno, hay casos puntuales que se salen de la norma, pero no son peligrosos. Sucede que con la sequía el nivel de las napas subterráneas ha bajado y el oxígeno ha activado el arsénico. La política no se hace sobre excepciones molestas.

Calidad del producto

Los argumentos son circulares y remiten a mediciones y a indicadores que no son tranquilizadores para la población. He puesto este ejemplo porque es medular. Si los servicios sanitarios no son capaces de entregar agua potable a la población no están cumpliendo con su propósito. Aquí uno se pregunta qué es la calidad del agua. La respuesta es que la potabilidad del agua no puede ser definida por un organismo técnico químico, ni por parámetros sanitarios (lo que no te enferma es suficientemente bueno), ni por ningún método unilateral que excluya la comprensión y la habilidad para juzgar, propia de los consumidores.

Dicho de otro modo, es necesario creer que si la población no consume agua de la llave porque duda de su salubridad o porque su aspecto y su sabor no les convence, no es que la gente esté equivocada, es que el producto no cumple con su promesa. Nótese aquí una pequeña diferencia; no es lo mismo decir que el producto no cumple con las ‘expectativas’ del cliente a decir que no cumple con su promesa.

Estoy seguro que ustedes advierten que en el primer caso, la responsabilidad pertenece al consumidor y en el segundo caso, la responsabilidad pertenece a la empresa. Las empresas sanitarias se han esforzado por hacer conciencia entre los inocentes de que el problema no es la captación y distribución del agua sino la producción de agua potable. Tienen razón, el producto se ha complejizado y se ha sofisticado y, tal como está, no responde a los estándares que los consumidores han fijado.

Este es el punto de mi desembarque. A pesar de lo inaparente, en este sector como en otros de competitividad más evidente, los estándares de calidad se fijan por el cruce entre la demanda de los consumidores y las capacidades técnicas y económicas de las empresas.

Lo que digo es que no hay estándares de calidad de producto y de servicio que no pasen por los consumidores. Podemos hacernos los lesos durante un tiempo y afrontar lo que parece una incomprensión popular de la calidad de nuestro producto. Después de todo, los consumidores son ignorantes. La noticia es que esos ignorantes son los que validan el nivel de la ciencia y de la tecnología que las empresas están solicitadas y autorizadas a usar.

Ya es tiempo de hacerse a la idea de que el consumidor es el que define los estándares de la industria y no es más viable que la industria imponga su opinión al consumidor. En el futuro y ni siquiera respecto al agua, se podrá decir ‘que elijan la que quieran siempre que tenga alguna transparencia’.

Que la gente no se atreva a beber agua de la llave es grave. La gravedad de esto no se mide en costo ‘reputacional’ sino en algo más radical que podríamos definir como un costo ‘existencial’. Lo que las empresas arriesgan con ese pequeño desvío del consumo no es su existencia inmediata sino los fundamentos de su existencia. Si el agua que has de beber no es proporcionada por la empresa que se supone lo haga, entonces, déjala correr.

Este es el inicio de un largo hilo conductor que nos hemos resistido a seguir. Los problemas de los consumidores con los servicios sanitarios aparecen cuando se presentan como conflictos, fallas o carencias, cuando un imprevisto los hiere y se constituye en una experiencia, no cuando se pregunta por ellos. La memoria de las interrupciones en el suministro, de las dificultades de comunicación con la empresa o de las aventuras y las incomprensiones que implica cada reclamo, todo eso se desvanece con facilidad pero se acumula hasta el episodio siguiente, disminuyendo con el tiempo, linealmente, la paciencia de los consumidores.

Involucrar a los consumidores, comprometerlos con al agua, no consiste en sonreírles, ni en demostrarles con exageraciones lo costoso que es la producción de un vaso de agua (la SISS elaboró hace un año un folleto donde explicaba, entre otras cosas, que la producción de un vaso de agua implicaba el trabajo de cuatro personas…no me acuerdo de la unidad de tiempo pero recuerdo que el costo era de cerca de 4 mil pesos / U$S 6 aprox.). Para comprometer a la gente es necesario involucrarla en un problema, hacerla participar de sus aristas y de las alternativas que se abren; es permitirle a la gente comprobar la veracidad de lo que se le dice y tener iniciativa en lo que la problema. En estos años se han planteado innumerables iniciativas de participación que han sido acogidas con cortesía pero sin ninguna operatividad.

El exceso de avaricia de las empresas lleva a una indiferencia equivalente de los consumidores cuando no a una animadversión desde los clientes, que son el sustento último de las empresas; incluso cuando son monopólicas. La gestión que no incorpora a los consumidores, tarde o temprano se va a hacer acreedora de la vieja tonada “empresa que no da de beber, déjala correr”.

Este círculo riesgoso tiene una salida; organizar encuentros, no desde lo que interesa a las empresas sino en el lenguaje y desde lo que interesa a los consumidores. Organizar desencuentros que permitan llegar a encuentros reales y duraderos. Preparar estos encuentros sobre la base de una exigencia previa de llegar a soluciones prácticas que pertenezcan a las reivindicaciones latentes de los consumidores y no a los dictados de los departamentos de RSE o de marketing de las empresas.

* Sociólogo, Presidente Asociación de Consumidores Inmobiliarios (ACOIN), Director Ejecutivo Fundación Chile Ciudadano.  Columnista diarios: La Segunda, El Mostrador, El Desconcierto y radio Bio Bio tv.

 

En homenaje a Zigmunt Bauman, un pensador esencial ( por Juan Trimboli *)

A comienzos de Enero y a la edad de 91 años falleció Zygmunt Bauman, el sociólogo de origen polaco que se constituyó en una de las voces más críticas de la sociedad de contemporánea., a la que definió como la “modernidad líquida”, donde el Estado, las fuentes de trabajo, las relaciones interpersonales, los vínculos comunitarios habrían perdido solidez.  Actualmente este concepto de lo “liquido” es utilizado frecuentemente en conversaciones, análisis y debates sobre los numerosos problemas y desafíos que enfrentan nuestras sociedades.

Bauman ha sido sin duda uno de los pensadores más audaces y provocadores. En varios de sus numerosos libros, artículos y conferencias, se ocupó con el papel del consumo en su amplia relación con la política, la democracia, la construcción identitaria,  la estratificación social, el uso del conocimiento y los valores. 

Uno de sus textos más relevantes en esta materia es “Vida de Consumo” del cual hemos extraído algunos párrafos con el objetivo de sumarnos a un merecido reconocimiento internacional, así como para estimular una lectura imprescindible para quienes nos ocupamos de esta temática. La misma la entendemos ante todo como un disparador para la reflexión y el necesario debate entre quienes buscamos comprender y actuar en forma más eficiente en los complejos entramados de la sociedad actual. Bauman nos deja un valioso legado para entender el mundo actual y el resultado de una lectura reflexiva de sus textos será siempre  enriquecedor. 

Fragmentos de “Vida de Consumo”
Zygmunt Bauman
Fondo de Cultura Económica-2007

 

…Aparentemente el consumo es un hecho banal, incluso trivial. Todos lo hacemos a diario, en ocasiones de manera celebratoria, cuando ofrecemos una fiesta, festejamos un acontecimiento importante o nos gratificamos por un logro particularmente relevante. Pero la mayor parte del tiempo consumimos de hecho, se diría que rutinariamente y sin demasiada planificación y sin pensarlo dos veces….No hay dudas de que consumir es una parte integral y permanente de todas las formas de vida que conocemos, ya sea por los relatos históricos o por los informes etnográficos….Sin embargo, y a pesar que el consumo deja tan poco margen de maniobra para la originalidad y la inventiva, esto no se aplica al rol que desempeñó y sigue desempeñando en las pasadas transformaciones y en la actual dinámica del modo de “estar en el mundo “de los humanos. En especial, el papel preponderante que ocupa el consumo entre los factores que determinan el estilo y el sabor de la vida social y su rol como canonizador (uno de ellos, si no el principal) de los patrones de relaciones interhumanas.

A través de la historia humana, las actividades de consumo o relacionadas con el (producción, almacenamiento, distribución y eliminación de los objetos de consumo) han proporcionado un  flujo constante de esa “materia prima” que ha modelado – con la ayuda del ingenio cultural impulsado por la imaginación- la infinidad de formas de vida que tienen las relaciones humanas y sus patrones de funcionamiento….

En el camino que conduce a la sociedad de consumidores, el deseo humano de estabilidad deja de ser una ventaja sistémica fundamental para convertirse en una falla potencialmente fatal para el propio sistema, causa de disrupción y mal funcionamiento. No podía ser de otra manera, ya que el consumismo, en franca oposición a anteriores formas de vida, no asocia tanto la felicidad con la gratificación de los deseos (como dejan traslucir las “transcripciones oficiales”) sino con un aumento permanente del volumen y la intensidad de los deseos, lo que a su vez desencadena el reemplazo inmediato de los objetos pensados para satisfacerlos y de los que se espera satisfacción. Como lo expresa tan adecuadamente Don Slater (Consumer Culture and Modernity, Cambridge 1997), combina deseos insaciables con la urgencia de “buscar siempre satisfacerlos con productos”. Las necesidades nuevas necesitan productos nuevos.  Los productos nuevos necesitan nuevos deseos y necesidades.

El advenimiento del consumismo anuncia una era de productos que vienen de fábrica con “obsolescencia incorporada”, una era marcada por el crecimiento exponencial de la industria de eliminación de desechos… La inestabilidad de los deseos, la insaciabilidad de las necesidades, y la resultante tendencia al consumismo instantáneo y a la instantánea eliminación de sus elementos, están en perfecta sintonía con el nuevo entorno líquido en el que se inscriben hoy por hoy los objetivos de vida y al que parecen estar atados en un futuro cercano….

Se puede decir que el “consumismo “es un tipo de acuerdo social que resulta de la reconversión de los deseo, ganas o anhelos humanos (si se quiere “neutrales” respecto del sistema) en la principal fuerza de impulso y de operaciones de la sociedad, una fuerza que coordina la reproducción sistémica, la integración social, la estratificación social y la formación del individuo humano, así como también desempeña un papel preponderante en los procesos individuales y grupales de autoidentificación , y en la selección y consecución de políticas de vida individuales.

El “consumismo” llega cuando el consumo desplaza al trabajo de ese rol axial que cumplía en la sociedad de productores. Mary Douglas (In the Active Voice, Londres 1988) insiste “mientras no sepamos por qué y para qué la gente necesita lujos (vale decir bienes más allá de lo indispensable para la supervivencia) no estaremos tratando los problemas de la desigualdad ni remotamente en serio”….

La virtud fundamental de un miembro de la sociedad de consumo es su activa intervención en los mercados. Después de todo, cuando el “crecimiento” del producto bruto amenaza con desacelerarse, o lo que es peor, cuando se acerca a cero, es de los consumidores con sus chequeras o, mejor aún, sus tarjetas de crédito, de quienes se espera que “hagan funcionar la economía”, es a ellos a quienes se empuja y engatusa para “sacar al país de la recesión”….No es de extrañar entonces que la tarea de hacer que  los miembros de la sociedad sean dignos de crédito y se muestren deseosos de hacer uso de él hasta el límite que les han ofrecido se haya convertido en una empresa nacional que encabeza la lista de obligaciones patrióticas y esfuerzos de socialización. En el Reino Unido, vivir del crédito y endeudado se ha convertido en parte del curriculum nacional, diseñado, refrendado y subsidiado por el gobierno…..

Hoy la persistente necesidad de perfección no apela tanto al mejoramiento de las cosas, sino a su profusión y veloz circulación. Por lo tanto y permítanme repetirlo, una sociedad de consumo sólo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro. Cuanto más fluidas son las condiciones de vida, más objetos de consumo potencial necesitan los actores para cubrir sus apuestas asegurar sus acciones contra las bromas del destino (que la jerga sociológica ha rebautizado como “consecuencias imprevistas”). El exceso, sin embargo, echa leña al fuego de la incertidumbre que supuestamente debía apagar, o al menos mitigar o desactivar.  Por lo tanto, y paradójicamente, el exceso nunca es suficiente. Las vidas de los consumidores están condenadas a ser una sucesión infinita de ensayos y errores. Son vidas de experimentación continua, aunque sin la esperanza de que un experimentum crucis pueda guiar esas exploraciones hacia una tierra de certezas más o menos confiables…Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño.

*Uruguayo, Fundador de la oficina de Consumers International para América Latina y el Caribe, de la que fue Coordinador de Educación y luego Director Regional.